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El reto actual que se presenta a la Ingeniería
en los países emergentes de América Latina es
buscar la capacitación tecnológica urgente para
ser capaz de competir en el mercado abierto que ya es hoy
una realidad aunque parcial.
El adviento probable del ALCA y la consecuente apertura más
amplia de fronteras para el comercio de servicios deberá
agudizar la competitividad que será definitivamente
la clave única para la empresa actuar en el mercado
de servicios de Ingeniería.
Habrá que competir en lo económico y financiero,
en los métodos de gestión, en la calidad de
los servicios pero más que todo en el dominio tecnológico.
Programas de capacitación en este campo deben llevarse
a cabo a través de alianzas o convenios entre empresas
de Ingeniería (consultoras, constructoras, industrias
de base), universidades y centros de investigación
para el desarrollo científico y tecnológico.
El patrimonio tecnológico de cualquier país
está apoyado en estos tres pies. No resulta estable
el apoyo sobre menos de tres pies. No será consistente
el desarrollo tecnológico que quede a cargo únicamente
de las universidades y centros de investigación.
La empresa de Consultoría tiene un papel destacado
en ese proceso. Le toca identificar las demandas de desarrollo
tecnológico, tomar la iniciativa y participar activamente
de los programas de capacitación para dominar y hacer
aplicables en el mercado los avances tecnológicos que
se van procesando en aquellas organizaciones.
Las alianzas de empresas consultoras con universidades y
centros de investigación son por lo tanto una necesidad
para lograr el desarrollo tecnológico de cualquier
país. Siempre resultan beneficios para todos los actores
en el intercambio de conocimientos.
Por otro lado se ve que las nuevas demandas del mercado exigen
una actuación ampliada de la empresa consultora en
los proyectos, especialmente en el sector privado.
Hoy, más que en el pasado, la consultora asume papeles
de creciente importancia en la realización de una inversión
o proyecto.
La Consultora puede llegar a ser la protagonista de un proyecto
de inversiones públicas o privadas. Identificará
los actores que deben ser involucrados para actuar en el proyecto,
constructores, inversionistas, aseguradoras, agencias financieras
y otros.
Le tocará, como socia o contratada,
estudiar la factibilidad económica, financiera, técnica
y ambiental,
definir la mejor solución técnica y económica
entre varias alternativas,
desarrollar la ingeniería básica y diseños
del proyecto,
analizar riesgos,
promover análisis legales y tributarios,
asumir responsabilidades técnicas y financieras,
ejercer o participar en la gestión o gerencia de la
implantación del proyecto y de la ejecución
de obras,
armonizar las interfaces con los múltiples actores
que intervienen en el proyecto,
rectificar y ajustar las soluciones técnicas adoptadas
inicialmente para reducir plazos y costos, corregir desvíos
e incorporar nuevas tecnologías que surgen a lo largo
de la ejecución del proyecto,
y otras funciones como las de procurement, adquisiciones,
inspecciones.
Para ejercer tales funciones, la Consultora deberá
mantenerse siempre actualizada y atenta a los avances tecnológicos
e incesantes innovaciones tecnológicas de todo tipo
en el mundo globalizado y competitivo.
Si participa como contratada, la Consultora suele ser poco
o casi nada valorizada por ser una empresa de limitado porte,
frente a un grupo de elevado peso económico y financiero.
Ese contratante con frecuencia no tiene sensibilidad para
comprender la importancia del trabajo intelectual y técnico
de ingeniería que es aquél que asegura el éxito
o fracaso de sus inversiones. Una prueba de la falta de esa
sensibilidad es la contratación por menor precio de
un servicio que corresponde a una parcela muy pequeña
del costo global del proyecto.
En Brasil si participar como socia, la Consultora deberá
ser reconocida como capaz de agregar un valor muy significativo
al proyecto, asegurando reducciones de costos y plazos, mejor
calidad y otros beneficios, aunque sea, en la alianza o consorcio
emprendedor, el miembro menor en lo económico y financiero.
Quizás sea el más importante valor agregado
que definirá el éxito y los mejores resultados
financieros del proyecto.
En ambas alternativas, la Consultora busca aprovechar las
nuevas oportunidades de ampliar su campo de actuación
y participar más directamente del negocio, asumiendo
tareas diversificadas de proveedora de otros servicios y bienes
que no corresponden a lo que consideramos Consultoría
pura.
Al asumir estos papeles y funciones para las cuales sin duda
está capacitada, existe el riesgo de que su desempeño
ampliado la lleva a desviar sus mayores preocupaciones y atenciónes
hacia el éxito económico del proyecto con la
consecuente reducción de su interés en lo que
es su papel más importante, o sea, el rigor técnico
de los estudios de preinversión, ingeniería
básica, diseños del proyecto, definición
de procesos y demás actividades que definen la consultoría
de ingeniería.
Hay situaciones que pueden requerir que la Consultora contrate
otra consultora para esos trabajos de pura consultoría,
para dedicarse totalmente a las tareas de gestión integral
del proyecto. Tal contratación debe basarse por supuesto
en la elección de la empresa más capacitada
técnicamente, seleccionada por los criterios que consideramos
"sagrados" en nuestra práctica y siempre
presentes en nuestros requerimientos a los gobiernos y clientes.
La Consultora que participa como socia del proyecto no debe
incorporar la mentalidad de los demás socios que suelen
buscar las soluciones más "económicas"
para la contratación de aquellos servicios. Sin embargo,
se constata que algunas de esas Consultoras prefieren contratar
equipos de profesionales o firmas no debidamente preparadas
para estos servicios de importancia decisiva. Consideran que,
de estar subordinadas a su supervisión y control, su
buen desempeño estará asegurado, lo cual no
es cierto. De estar concentrada en los aspectos económicos
y financieros del proyecto, tal supervisión no es efectiva
y puede resultar en soluciones técnicas de mala calidad
con las malas consecuencias conocidas.
En las nuevas oportunidades que surgen en las contrataciones
"llave en mano" y las concesiones de servicios públicos
al sector privado, se constata una tendencia igualmente creciente
de una participación de Consultoras en los grupos que
asumen estos tipos de actuación en el mercado.
Por lo tanto, hay que promover acciones de convencimiento,
incluso de las Consultoras que pasan a actuar como miembros
de grupos emprendedores, para destacar la importancia, que
sigue siendo vital, de los estudios y definiciones técnicas
de ingeniería y demás tareas que definen la
Consultoría pura, como elemento esencial para la calidad
y el éxito económico y financiero de cualquier
proyecto.
Estas constataciones señalan la necesidad de preservar
y recuperar la Consultoría pura e independiente, comprometida
con la elección de la mejor solución de ingeniería
para el problema, capaz de asegurar la calidad del proyecto,
sin la presión de intereses que condicionen su autonomía
profesional.
Cabe destacar por fin una función propia de la Consultoría
que no está todavía plenamente utilizada y debidamente
remunerada. Se trata del acompañamiento e inspección
periódica del desempeño de las concesionarias
de servicios públicos, especialmente con vistas a asegurar
el adecuado mantenimiento de las instalaciones físicas
que constituyen el activo que volverá al poder concedente
al terminar el plazo de la concesión. Estos activos
deberán ser restituidos en las mismas condiciones iniciales,
lo que podrá no suceder si falta la presencia permanente
y constante de la Consultora a lo largo del período
de la concesión.
Si las instalaciones se van degradando por mal mantenimiento,
o aún peor si sucede un desastre con las instalaciones,
siempre se tiende a culpar inicialmente la Consultora responsable
por la concepción, cálculos y diseños
del proyecto hasta que ella pruebe que no hubo errores en
su trabajo. Solo después se pasa a analizar si la culpa
es de la constructora en la ejecución de las obras
o de la concesionaria por falta de mantenimiento adecuado.
Este y muchos otros campos de actuación de las consultoras
son todavía nuevos, por resultar de cambios recientes
en el mercado, especialmente a partir de los programas de
privatización y concesiones iniciados en la década
anterior.
Una función propia de la Consultoría no es
debidamente utilizada por el gobierno de nuestro país.
Los planes de inversiones del gobierno en sus distintos niveles
para la infraestructura del país o la región
deberían ser elaborados en conjunto por equipos profesionales
de las organizaciones gubernamentales y de empresas consultoras.
Esto no se hace. Las Consultoras podrían aportar su
experiencia y conocimientos con la visión propia y
necesaria de la empresa privada pero son excluidas de esa
etapa fundamental que define prioridades y soluciones técnicas
para los futuros programas de inversión.
Para actuar en esa etapa de planeamiento y políticas
públicas quizás sea más adecuado que
la experiencia de las empresas fuera canalizada a través
de las Asociaciones Nacionales de Consultores, contratada
por el gobierno para ese apoyo técnico profesional,
con vistas a no configurarse algún impedimento futuro
a la participación de una empresa en proyectos resultantes
del planeamiento en el que haya actuado.
Por todo que ha sido comentado anteriormente, hay que intensificar
las acciones de convencimiento de los actores involucrados
en los nuevos escenarios del mercado respecto a la importancia
de la correcta selección, contratación y adecuada
remuneración de la Consultora, al servicio o como aliada
de los agentes públicos y privados, para asegurar que
la mejor tecnología aplicada a los proyectos sirva
de hecho para mejorar de calidad de servicios a la población
para promover el desarrollo económico y social de nuestros
países.
Presidente da Diretoria Nacional da ABCE.
Palestra no Congresso Panamericano de Consultoria –
FEPAC’2002, Santiago, Chile.
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